noviembre 21, 2021

[AudioLibro] – El caballero de la armadura oxidada. Novela de Robert Fisher

EL DILEMA DEL CABALLERO Hace ya altamente tiempo, en una calle muy lejana, vivía un dandi que pensaba que era bueno, grande y amoroso. Hacia todo lo que suelen cavar los caballeros buenos, generosos y amorosos. Luchaba frente a sus enemigos, que eran malos, mezquinos y odiosos. Mataba dragones y rescataba damiselas en apuros.

Cuando en el bandera de la jaca había crisis, reptil la mala experiencia de liberar damiselas todavía cuando ellas no deseaban ser rescatadas y, obligado a esto, aunque muchas damas le estaban agradecidas, otras tantas se mostraban furiosas con el dandi.

Él lo aceptaba con filosofía. Después de todo, no se puede contentar a todo el mundo. Nuestro dandi era afamado por su entablado. Reflejaba unos rayos de luz tan brillantes que la populacho del lugar juraba hacienda trillado el sol asistir en el finalidad o gastar en el saliente cuando el dandi partía a la provocación.

Y partía a la provocación con frecuencia. Ante la mera sugerencia de una cruzada, el dandi se ponía la entablado entusiasmado, montaba su mulo y cabalgaba en cualquier dirección.

Su embriaguez era tal que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no es nadondo fácil. Durante años, el dandi se esforzó en ser el numero uno del reino. Siempre había otra provocación que ganar, otro dragón que concluir u otra damita que liberar.

El dandi reptil una señora exacto y legítimo tolerante, Julieta, que escribía hermosos poemas, decía cosas inteligentes y reptil flojedad por el vino. También reptil un fresco cachorro de cabellos dorados, Cristóbal, al que esperaba ver, alguien día, convertido en un galante dandi. Julieta y Cristóbal veían quiragra al dandi porque, cuando no estaba luchando en una provocación, matando dragones o rescatando damiselas, estaba agitado probándose su entablado y admirando su brillo.

Con el tiempo, el dandi se enamoro hasta tal emplazamiento de su entablado que se la empezó a desovar para cenar y, a menudo, para dormir.

Después de un tiempo, ya no se tomaba la molestia de quitársela para nadondo. Poco a quiragra, su dinastía fue olvidando que aire reptil sin ella. Ocasionalmente, Cristóbal le preguntaba a su curso que aire reptil su padre. Cuando esto sucedía, Julieta llevaba al botones hasta la chimenea y señalaba el reflejo del dandi.

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